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martes 8 de diciembre de 2009

Ser cristiano en América Latina: Actitudes discipulares 3


a) Crear espacios

Ante la falta de espacios cálidos, como mencionamos anteriormente, una de las tareas de la evangelización debiese consistir en crear esos espacios faltantes, bajo características de intimidad, fraternidad, libertad y participación. Los espacios cristianos de intimidad son, usualmente, los de oración, pero no se debe agotar allí la creatividad. Es posible llevar la intimidad a una mesa compartida, a los ámbitos laborales, a los centros culturales. La intimidad no es algo que pertenece en exclusividad al silencio, sino a la profundidad de las relaciones, por eso conviene empeñarse en formar discípulos en relación con los otros, discípulos para entrar en contacto. La relación misma crea un espacio entre dos personas que se fortalece con el compartir. Ser discípulos de Jesucristo para unir lo desunido es difícil, es arriesgarse al desprecio social, a la burla, al perjurio. Sin embargo, para efectuar una verdadera evangelización, no se puede prescindir del mundo y huir de él. Los espacios de intimidad deben ser creados donde las personas pasan el mayor número de horas, porque de otra manera, se corre el riesgo de desencarnar la espiritualidad, y de formar comunidades momentáneas que sólo son tales un día a la semana en un horario determinado. La necesidad de unión es permanente, y por ello las comunidades deben ser permanentes también.

En cuanto a la fraternidad, sucede lo mismo. Si reconocemos al hermano sólo en ámbitos eclesiales, no hemos captado verdaderamente el sentido del prójimo. El discípulo vive la fraternidad en todos lados, y la solidaridad trasciende las fronteras de su propio hogar, haciéndose hermano en cualquier circunstancia, en cualquier momento, bajo cualquier condición. Los espacios clásicos de hermanamiento suelen ser dos: los congregacionales y los de acción social. En los primeros, el hermano es el que piensa igual y comparte el mismo carisma; en los segundos, la hermandad busca en los desdichados preocuparse de ellos. Ambas formas tuvieron sus resultados efectivos, pero se necesita más en América Latina, se necesita la solidaridad y la fraternidad que emanan de Cristo y que no dejan vacía una congregación o un acto de acción social. El discípulo fomentará la hermandad cuando haga conciencia de que Jesús ha venido para que seamos hijos (cf. Gal. 4, 5), y que teniendo el mismo Padre, somos dignos todos.

Finalmente, los espacios de participación real son un verdadero querer de los habitantes de Latinoamérica. Tras décadas y décadas de exclusión, sin poder de decisión, sin que su voz sea tenida en cuenta, los latinoamericanos necesitan una Iglesia que los deje hablar, que los escuche, y que los asimile concretamente en su pastoral, con la cultura autóctona, el pensar teológico regional y los modos de celebrar propios. Esa participación real se logrará cuando los latinoamericanos descubran en la Iglesia una libertad que nadie les ofrece, la libertad de hablar, de cuestionar, de presentar, de proyectar, la libertad de los hijos de Dios. Para lograr el espacio de comunión, necesitamos proteger la libertad a toda costa, contra farisaísmos y legalismos, contra corrientes teológicas de conservación, contra el imperialismo religioso y la división de clases intra-eclesial.

b) Vivir la radicalidad de la comunión

El libro de Hechos de los Apóstoles parece mostrarnos un modo de vida ideal para la Iglesia, pero a nuestros oídos suena radical y alocado. No nos parece correcta la comunión de bienes, venderlo todo para poner en común y repartir según las necesidades, pues el capitalismo nos ha educado en lo contrario; no nos parece correcta la fracción del pan en las casas porque hemos vuelto al sistema del templo; no nos convence demasiado la misión porque estamos instalados, somos sedentarios, y la preocupación por la gente que no conoce el Evangelio ha sido anestesiada por la malentendida teología de las religiones, que propone el respeto como silencio de la Verdad.

Vivir la radicalidad de la comunión es proponer, hoy, a la Iglesia actual, a los discípulos de esta época, una locura. Es romper los esquemas y quebrar las estructuras. La radicalidad, característica de Jesús, la hemos suplantado por un sistema que, repetimos, se parece al Templo de Jerusalén, como institución rígida que administra la salvación, que dirige el culto mecánicamente y que decide qué es lo correcto e incorrecto, pero que de comunión no tiene nada. La tentación de la Iglesia es y será convertir la fraternidad en una pirámide jerárquica, interpretando la diversidad de carismas como excusa para poner a unos sobre otros. América Latina, con total seguridad, basada en su historia, no puede ver en una jerarquía su futuro ni esperanza; América Latina necesita discípulos radicales que se animen a ver al hermano de igual a igual, rompiendo los sistemas escalonados que elevan a pocos sobre muchos. Una Iglesia de radicalidad, no de fundamentalismo, hará la diferencia.

c) Crecer en la conciencia de Pueblo y de los pueblos

En la multiplicación de los panes según Marcos, las referencias a la gente se van organizando de manera progresiva, desde la muchedumbre hasta los grupos en la figura de hileras, como plantaciones. La pedagogía del Dios que llama a vivir en comunidad, es pasar del desconocimiento y la extrañeza a conformar el Pueblo, multitud organizada hacia un mismo fin, con un caminar compartido, con las mismas esperanzas y tristezas. Ser como una plantación, como las hileras de un sembradío, es vivir las mismas inclemencias climáticas que nos hacen crecer o que nos golpean, el mismo sol que nos quema o nos permite la fotosíntesis, las mismas lluvias que nos inundan o nos dan su vitalidad, las mismas épocas de sequía y de cosecha. Ser un Pueblo es compartir la historia y compartirla concientemente. La muchedumbre desorganizada comparte cosas, pero no reconoce ese compartir como riqueza o como don, ni siquiera lo reconoce dándose cuenta que existe. La muchedumbre vive de manera egoísta, acercándose a los demás cuando hay alguna utilidad en ello.

El discípulo, formador de comunidades, miembro activo del Pueblo de Dios, además de crecer en su conciencia personal de pertenencia a la comunión, debe expandir esa conciencia a todos los hombres y mujeres, y en un segundo plano, ayudar a recuperar la conciencia de pueblo cultural. Muchos pueblos originarios latinoamericanos fueron, sistemáticamente, diezmados; es tarea del discípulo, al hacer la opción preferencial por los excluidos, colaborar en la tarea liberadora de ellos para reafirmar su cultura, sus tradiciones, sus valores. No se evangeliza destruyendo el patrimonio de las naciones, sino inculturando la Buena Noticia. Los pueblos originarios no necesitan una Iglesia que considere su pasado como un gran error de la naturaleza; necesitan una Iglesia que descubra las semillas del Verbo allí presentes.

Ser discípulo no es un hecho individual y aislado. Dios nos ha llamado para formar comunidad, para descubrirnos hermanos, para hacer la comunión eclesial que sea reflejo de la comunión trinitaria. Crecer en la conciencia de Pueblo y participar en la conciencia de los pueblos es un servicio a América Latina, para contribuir en su proceso de formación desde una perspectiva liberadora y fraterna, haciendo del Reino de Dios un proyecto verdadero que no está en las nubes, sino aquí, en la tierra, con los hombres y mujeres.

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Evangelio Misionero del Día: Miercoles 09 de Diciembre de 2009. II SEMANA DE ADVIENTO - CICLO C

Venid a mí, yo os aliviaré

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 28-30

Jesús tomó la palabra y dijo:
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Compartiendo la Palabra
Por José Cristo Rey García Paredes cmf

Dicen que una de las características de Jesús, como Maestro, era su comprensión hacia los discípulos y discípulas. Mientras otros maestros en Israel echaban pesadas cargas sobre los hombros de los discípulos, Jesús muestra su alternativa: “en mi encontraréis vuestro descanso”. Pongamos oído atento a las palabras del Señor.

Hay maestros que son muy exigentes. Imponen a los alumnos un trabajo excesivo, que los agobia y desconcierta. Hay maestros de moral rígida, que culpabilizan, castigan, piden lo imposible. Jesús es el Maestro alternativo. Acoge a los agobiados, a los cansados. Les promete que en él encontrarán paz, descanso.

¡Cargad con mi yugo!, dice el maestro. Imaginemos una yunta de bueyes. Los dos bueyes llevan el yugo con la carga detrás. ¡Lo que para uno seria demasiada carga, para dos es mucho más fácil! Jesús promete que pondrá sobre el discípulo ninguna carga que él no lleve y comparta. Cargando con su yugo, en alianza de trabajo y carga con Jesús, descubrirán los discípulos que es “algo llevadero y ligero”.

Finalmente, Jesús muestra su interioridad como Maestro: manso y humilde de corazón. La mansedumbre nos dice cómo es nuestro maestro: no se deja llevar por la ira, es comprensivo, nos acepta como somos. Humilde: quiere decir que se pone a ras de tierra, que acoge todo como lo acoge el humus de la tierra. Que en él todo germina.

El Magisterio de la Iglesia debe atenerse a este canon, a esta norma del Magisterio de Jesús. No debe cargar a la iglesia con pesos pesados e inaguantable, no debe ser un magisterio petulante y orgulloso, dogmatista y rigorista. El principio misericordia y mansedumbre debe presidir toda enseñanza que se precie seguir el estilo de Jesús.

Son necesarios los Maestros para no perdernos en la vida. Pero para vivir auténticamente ¡es una suerte encontrarse con el único Maestro! El único que nos saca de nuestros agobios, nos comprende hace ligera y entusiasta nuestra vida.

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DECIR TU NOMBRE, MARÍA

Solemnidad de la Inmaculada Concepción.


Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte
puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

Pedro Casaldáliga, CMF

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lunes 7 de diciembre de 2009

La Inmaculada Concepción de María: LO QUE NOS FALTABA


1.- Con cierta periodicidad, la mayor parte de nosotros, nos sentimos angustiados. Hoy estoy depre, decimos a nuestros compañeros. Otras veces la euforia nos embarga, sin saber porque. Pasamos de un estado a otro, la mayor parte de veces, sin causa conocida. Cuando estamos serenos, o creemos estarlo, nos preguntamos porque nos sucede esto.

La primera lectura de hoy, una narración preciosa, en forma de poema, lleno de ternura, que se inicia en el infortunio, prosigue en tremendo drama al borde de la tragedia y que acaba con un mensaje de esperanza, pretende darnos una explicación. Un hombre mítico, Adán, barro es el significado de esta palabra, ha sucumbido a las propuestas del maligno. Se las hizo primero a la mujer, míticamente llamada Eva, o sea fecundidad, que también había sucumbido. El tal repugnante personajillo lo describe el texto recubierto de serpiente. A nosotros no nos dice nada este detalle, pero por aquel entonces era muy importante hacerlo así. A este reptil, las civilizaciones colindantes le atribuían calidad divina, de manera que, de paso, escribiendo de esta manera, se destruía todo buen protagonismo del animal y su consiguiente idolatría. A nadie de nosotros se nos ocurre pensar que una culebra pueda ser un dios, pero os lo he contado, para que entendáis el porque del disfraz escogido para el enemigo tentador. Sí, sucumbieron y en consecuencia se vieron indefensos, como si desnudos estamos, nos vemos sin protección del frío, de los agresores, de las miradas deshonestas. El pecado lesiona gravemente al hombre.

2.- El drama os he dicho, mis queridos jóvenes lectores, estuvo a punto de convertirse en tragedia. Dios acude a hacer justicia y dicta sentencia. No es un veredicto de condenación perpetua. Anuncia un indulto que vendrá. De alguna manera, la humanidad ya empieza a gozar de este indulto. Expulsados del Paraíso, marchan esperanzados. No lo olvidéis vosotros, cuando os sintáis excesivamente culpables. Tal postura, la desesperación además de ser inútil, implica orgullo, se lo advertía Santa Teresa de Lisieux a un familiar.

La narración evangélica de hoy la he leído centenares de veces. La he contemplado plasmada en obras artísticas, otras tantas. En el lugar donde ocurrió la Anunciación, he estado en muchas ocasiones y ha vivido muy cerca durante unos cuantos viajes. Cuando tenía 14 años, un buen sacerdote, nos contó que en Nazaret había un altar con una estrella donde ponía: aquí, de María virgen, el Verbo se encarnó. Me propuse entonces que algún día lo visitaría. No lo conseguí hasta los 40 años, pero se me ha concedido la gracia de poder estar allí, de rezar con calma y de celebrar misa. Es un lugar que la más exigente arqueología, no duda de que sea auténtico. Emociona, pues, cargado como está de energía espiritual, que aun perdura.

3.- Acababa la narración del Génesis, la primera lectura de hoy, dando un atisbo de esperanza. Acaba la descripción evangélica de Lucas, anunciando que se inicia la salvación. Es consecuencia del bien hacer de Dios, de sus buenos deseos para la humanidad, pero también se hace posible, porque una chiquilla, preciosa joven, llamada María, de no más de doce años de edad, dice que sí a Dios. Poco sabía ella de sí misma, tan modesta como era, no pretendía trofeos, pero poseía el don más precioso que se pueda tener: era inmaculada total, es decir, carente del todo de malicia. No conocía, ni conoció el rencor, no era ambiciosa ni mal intencionada, no estaba infectada de deshonestidad, no había acudido, ni acudió después, a la mentira, no deseó nada que no le fuera dado gratuitamente por Dios. Tan larga parrafada mía, la dice con exactitud y brevedad, el texto de Lucas: estaba llena, más exactamente repleta, de la Gracia de Dios.

4.- Acabo con una reflexión que quisiera, mis queridos jóvenes lectores, que os hicierais hoy y siempre: lo que importa es decir sí al Señor, cada uno a su manera. El resultado de nuestra docilidad, solo Dios lo conoce, pero con seguridad, cuanto más fidelidad aportemos, más grandes serán los resultados.

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Evangelio Misionero del Día: Martes 8 de Diciembre de 2009. LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA Solemnidad


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido., Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; El será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra».
Y el Ángel se alejó.

Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

¡Qué poco tengo que hablar hoy para entusiasmar a la audiencia! Más bien tendría que escuchar yo el latir del corazón de cada uno de ustedes, queridos radioyentes, para sentirme yo entusiasmado de veras. Aunque, a decir verdad, me siento más caliente que nadie si se trata de nuestra Madre Inmaculada, de la Inmaculada Concepción de María...
Esta fiesta de la Virgen es del todo especial en nuestros pueblos hispanoamericanos. La devoción a la Inmaculada la llevamos entrañada en lo más hondo de nuestro ser cristiano.
Hoy el Papa en Roma, y en medio del frío riguroso del invierno, cuando ya declina el día, va al monumento de la Inmaculada y le ofrenda su ramo de flores, ante una multitud que atesta la Plaza de España y las calles limítrofes. No digamos ya toda Roma, es toda la Iglesia la que se pone en las manos del Vicario de Cristo para honrar a María en el más bello de todos sus privilegios.
Nosotros realizamos también este gesto del Papa en nuestras iglesias, y todos vamos ante la Virgen para ofrendarle las flores más galanas del corazón.
¡María Inmaculada! Es un privilegio de la Virgen que no cansa el meditarlo, el cantarlo, el celebrarlo, y el volverse locos por él!
Lo que en los planes primeros de Dios tenía que haber sido una realidad en todos los hombres y mujeres, sólo se ha cumplido en María, por gracia del todo singular.
Dios, al crear a Adán y Eva, los creó sin mancha, sin pecado, es decir, inmaculados. E inmaculados teníamos que haber sido todos sus hijos. Pero, ¡ay!, qué poco le duró a Dios el gozo...
Allí estaba el tentador, envidioso de nuestra suerte. Y Eva sigue imprudente el diálogo seductor:
-¿Por qué no coméis el fruto de este árbol? Le estáis haciendo caso a Dios, que es muy listo, y sabe que el día en que comáis se abrirán vuestros ojos, y, dueños de vosotros mismos, ya no le tendréis que obedecer. ¡Seréis como dioses!...
Y Eva, a Adán:
-¡Toma, toma! ¡Verás que bueno! La serpiente me ha dicho que si lo comemos seremos como dioses...
Se había consumado la tragedia. La inocencia inmaculada de Adán y de Eva se convertía en pecado inmundo delante de Dios. Y lo peor, que no era un pecado con repercusiones sólo personales. En Adán estaba encerrada toda la Humanidad como el árbol en la simiente. Y los que habíamos de hacer la entrada en el mundo llenos de esplendores divinos, vendríamos arrastrando una culpa que no habíamos cometido personalmente nosotros...
Pero entonces mismo vino la réplica de Dios:
-¡Maldita serpiente! Yo pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Te aseguro esa descendencia de la mujer te machacará un día la cabeza.
Y quiso Dios que por los méritos de Jesucristo que iba a venir, fuese María, en el primer instante de su concepción en el seno materno, la que aplastara la cabeza de Satanás, el cual temblaría siempre después ante esta Mujer, una criatura humana del todo celestial.
María, concebida Inmaculada, ofrecía a Dios el espectáculo que le hubiéramos ofrecido todos nosotros.
María, concebida Inmaculada, es la única toda hermosa a los ojos divinos.
María, concebida Inmaculada, puede ser digna Madre de Dios.
María, concebida Inmaculada, viene a ser la obra maestra del Espíritu Santo.
María, concebida Inmaculada, hace que Jesucristo se sienta en verdad orgulloso de su Madre.
María, concebida Inmaculada, es la Hija más bella que el Padre Eterno puede lucir en el Cielo.
María, concebida Inmaculada, es también para nosotros sus hijos, como para Jesús, nuestro mayor orgullo, porque nadie nos gana a tener la Madre más linda que ha existido...
Y todo esto, con una gloria totalmente en exclusiva. Porque Inmaculada sólo hay una: María, la Madre de Dios y la Madre nuestra...
Poco después de definir el Papa Pío IX el dogma de la Inmaculada, un Doctor protestante alemán escribía un libro lleno de injurias contra la Virgen. Tantos ataques le dirigieron, que renunció a su cátedra de Berlín y hubo de emigrar a Norteamérica.
Durante el viaje, se levantó en el mar una terrible tempestad, con temporal que duró setenta y dos horas, y se dijo con mucho miedo:.
-¡Dios mío, veo que necesito obras buenas para salvarme!
Pero en la Universidad de Saint Luois, donde fue admitido, el Profesor no podía con los remordimientos de su conciencia, y renunció también a la cátedra.
Se instruye entonces debidamente, y abraza la Religión Católica en la Iglesia de María de la Victoria, en la que el Profesor colocó una lápida con esta inscripción: A la Virgen de la Victoria por la victoria que alcanzó sobre un hombre que antes la denigró. Escribe después un libro sobre la Inmaculada, con esta dedicatoria: En alabanza de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Por uno que antes la ofendió.
La Virgen se vengó muy a su manera del que fue primero blasfemo y después un hijo humilde y amantísimo: de los ocho hijos del Profesor, a tres les alcanzó la gracia de consagrarse a Dios como sacerdotes en la Iglesia Católica (El Profesor Ed. Preuss, muerto en 19004)
Al saber un hecho como éste, me vienen ganas de preguntarme:
-Si así se venga la Virgen de quien la ofendió con graves blasfemias contra su Concepción Inmaculada, ¿qué hará con los que se dedican —con los que nos dedicamos— a honrarla continuamente?...

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domingo 6 de diciembre de 2009

Manos a la obra


Adviento es un tiempo muy corto. No podemos pasar mucho tiempo en disposiciones interiores ni en consideraciones previas. Navidad está a la vuelta de la esquina y hay mucho que hacer. Nuestro mundo no es el peor de los imaginables, como a veces nos quieren hacer creer algunos profetas de desgracias. Pero tampoco está todo perfecto. Tenemos una declaración universal de los derechos humanos pero hay mucho trabajo por hacer hasta que pase del papel a la realidad en todas las naciones. Lo mismo se puede decir si miramos a nuestra iglesia. El Evangelio sigue vivo en ella, en nuestra comunidad. Pero todavía hay demasiados intereses egoístas, demasiada política, que hacen que el reino sea todavía una realidad muy lejana.
Hay mucho que hacer. Hay que poner manos a la obra. Hay que levantar una casa para todos, donde nadie quede excluido. Hay que hacer caminos accesibles y fáciles. El Señor viene y no sabemos cómo vendrá. Quizá nos llegue en la figura del minusválido que trata de moverse en una ciudad moderna con su silla de ruedas y descubre que lo que para nosotros es apenas un escalón para él es una barrera insalvable. O quizá nos mire con los ojos de los niños y niñas que trabajan en los basureros de tantas ciudades del mundo pobre. O sea uno de esos niños a los que la vida obligó a empuñar un arma para sobrevivir. O una de esas niñas que desde muy pequeñas han tenido que prostituirse para llevar un poco de pan a su casa.


Preparad el camino al Señor

Hay mucho por hacer. Y hay que poner manos a la obra. Es lo que nos dice Juan, recordando al profeta Isaías: “Preparar el camino al Señor, allanad los senderos, elevad los valles, que lo escabroso se iguale”. Y todo eso, ¿para qué? La respuesta es clara y la da el mismo Isaías: “Así todos verán la salvación de Dios”.
Hay que poner manos a la obra y con alegría y gozo compartido preparar la casa de todos, la casa de la fraternidad. No es tiempo para andar con duelos. Ante los que profetizan el fin del mundo, nosotros ponemos manos a la obra para construir un mundo nuevo, para tejer relaciones de fraternidad y anudar lazos de amor, de misericordia, de compasión, de reconciliación. Hay que quitarse las ropas de luto, hay que dejar la aflicción y las lágrimas y vestirnos con el esplendor de la gloria que viene de Dios.


Comprometidos en la esperanza

Hay trabajo por hacer. Mucho. Supone compromiso, esfuerzo, dolor, sacrificio. Mucho sudor y algunas lágrimas. Pero ya atisbamos en el horizonte que el Señor viene, que está viniendo, que todos los sinsabores tendrán su respuesta en su presencia gozosa y alegre. Vale la pena el esfuerzo. Vale la pena el trabajo. La palabra de Dios está ahí. Nos ilumina y nos llena de esperanza. Con gozo nos miramos unos a otros y descubrimos hermanos y hermanas con los que compartimos la esperanza y el esfuerzo, el compromiso y la fe. Y vamos levantando ladrillo a ladrillo las paredes de la nueva ciudad. Una ciudad hecha de justicia y fraternidad.
Adviento es tiempo de mirar al horizonte pero con la espalda agachada y curvada sobre la tierra para trabajarla, para amasarla de esperanza y sembrar la semilla que, a su tiempo, dará frutos de justicia. Como dice el salmo responsorial, “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Todavía no vemos los frutos, andamos en el duro trabajo de la sementera pero ya sabemos que el Señor nos ha mirado con misericordia y compasión, que ha estado grande con nosotros –lo decimos en pasado porque estamos convencidos de ello desde la fe– y que vale la pena seguir trabajando.

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Evangelio Misionero del Día: Lunes 07 de Diciembre de 2009. II SEMANA DE ADVIENTO - CICLO C

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 17-26

Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para sanar. Llegaron entonces unas personas trayendo a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para ponerlo delante de Jesús. Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron por entre las tejas con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.
Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo: «Hombre, tus pecados te son perdonados».
Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: «¿Quién es éste que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: «¿Qué es lo que están pensando? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados están perdonados", o "Levántate y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa».
Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios. Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: «Hoy hemos visto cosas maravillosas».


Compartiendo la Palabra
Por Josep Rius-Camps

CONDICION DEL HOMBRE LIBRE

El episodio siguiente nos presenta de nuevo a Jesús enseñan­do «uno de aquellos días» (esto demuestra que esta escena y la anterior son paradigmáticas). Ahora, sin embargo, Jesús no en­seña ya él solo. Han confluido de todas las «aldeas» (sinónimo de lugares dominados por una ideología avasalladora) de todo el país judío y sobre todo de la capital los fariseos y maestros de la Ley para contrarrestar la enseñanza liberadora de Jesús con sus enseñanzas legalistas.

Lucas, empero, después de contraponer ambas enseñanzas (lit. «en tanto estaba él enseñando, también estaban sentados [en actitud magisterial] los fariseos y maestros de la Ley llegados de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén»), pone a Dios como valedor de la enseñanza que imparte Jesús: «La fuerza del Señor estaba con él para curar» (5,17).

Los focos («y mirad») de la escena se concentran ahora sobre unos individuos que llevan en un catre a un hombre que estaba paralizado (5,18). La «casa» donde Jesús enseña, abarrotada de gente, es la casa de Israel, que cierra el paso, por el exclusivismo judío, a la entrada de los paganos. Pero los hombres libres no se inmutan. Abren una brecha en la azotea y descuelgan al para­lítico, situándolo en el centro de la escena, al lado de Jesús (5,19). El, viendo la fe que tenían, se dirige al paralítico: «Hombre, tus pecados quedan perdonados» (5,20). La fe en Jesús de los hom­bres libres hace posible que el hombre inmovilizado por su pasado recupere la condición de hombre libre.

Los representantes de la Ley se alarman ante la actitud libe­radora de Jesús, sin fronteras raciales ni religiosas, y lo tildan de blasfemo (5,21a). «¿Quién puede perdonar pecados -refunfu­ñan- más que Dios solo?» (5,21b). Es el principio que «religa» al hombre con Dios... y que fundamenta su posición privilegiada de representantes de Dios.

Jesús invierte el principio sacrosanto. Después de dejar bien claro que la postración del hombre está en relación directa con su pasado de injusticia (5,23), formula un principio revoluciona­rio: «Pues para que veáis que el Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados... -le dijo al paralítico: "A ti te hablo: ponte en pie, carga con tu catrecillo y vete a tu casa » (5,24). Es el primer paso de la teología perenne de la liberación del hombre. Tampoco en esta ocasión integra Jesús al hombre en el grupo de discípulos (lo manda a su casa). Será la comunidad de discípulos la que recibirá el encargo de llevar esta buena noticia hasta los confines de la tierra (Hch 1,8).

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Un despertar sin luz

Por Clemente Sobrado C. P.
Domingo 2 de Adviento – Ciclo C

En el desierto acaba de aparecer una nueva luz. Es la figura de Juan que desde las calurosas arenas del desierto clama una nueva esperanza. Una esperanza en medio de las desesperanzas. La esperanza de que algo nuevo comienza a florecer en el desierto. Es la esperanza de la conversión, del cambio, de los caminos que se allanan y se abren paso.
Una esperanza que no nace en el Templo sino lejos, en el desierto, que es donde todo lo nuevo comienza. Por tanto, una voz que grita lo nuevo que está por venir y está por llegar.

Hoy se necesita esa voz del Bautista que siembre la esperanza en tantos corazones desesperanzados.

Ciertamente que el amanecer de este día tenía muy poca luz. Y no porque no luciese el sol. Sino porque la radio nos ofrecía en su programa “mientras usted dormía” unas tristes noticias.
Mientras yo dormía, una joven y un profesional se habían quitado la vida.
La muchacha se había tirado de un puente.
El profesional posiblemente se envenenó en un hotel.

¿Razones? Los periodistas constataban el hecho. Las razones pueden ser muchas. Aunque los verdaderos motivos, es posible que sólo los conozcan las pobres víctimas.
Las cartas que suelen dejar, no siempre responden a toda la verdad.
Las cartas que se aluden a motivaciones, con frecuencia, muy superficiales. Decepciones amorosas. Problemas económicos. Problemas de celos.

Es posible que esas razones fuesen el detonante último. La última gota que hizo rebasar el vaso. Pero antes hay todo un camino. Hay todo un proceso. Hay toda una historia secreta y oculta, que con frecuencia ni las pobres víctimas son conscientes de ellas. El suicidio es término de un camino que suele irse gestando desde lejos.

¿Alguien se atreve a hacerse juez de estos acontecimientos? El corazón humano es muy misterioso. ¿Qué sucede ahí dentro para que se sienta la muerte como una solución a la vida? ¿Qué ha sucedido en la vida para que haya perdido valor y sea preferible morir? Frente al suicidio de las personas, y sobre todo, cuando se ha, de alguna manera generalizado tanto, caben dos actitudes:
Callar ante el misterio.
Preguntarnos qué parte tenemos todos en él.

Callar. Que no es el silencio de la indiferencia. Sino un silencio que a todos nos habla dentro, nos cuestiona dentro y nos interroga dentro.
Callar, para no manosear periodística y morbosamente el misterio haciendo todas las hipótesis posibles. Las razones últimas siempre serán parte del misterio de la vida de cada uno. Tal vez lo menos importante sea la última razón para tales decisiones.

Y preguntarnos. Porque en el fondo, la vida de los demás, no puede ser ajena para nadie. Y de alguna manera, puede que sean muchos los factores que han ido configurando el desenlace fatal.
¿Quién ha sembrado esa vida con las verdaderas semillas que floren en vida?
¿Quién ha sembrado esa vida con las semillas del engaño y la mentira?
¿Quién ha matado las ilusiones que un día fueron primavera en ellos?
¿Quién ha llenado de vacíos vitales esas vidas?
¿Quién los ha puesto frente a una vida sin vida?

Y hasta cabría preguntarnos si los que aún seguimos en el camino de la vida, no estaremos llevando demasiado muerte dentro de nosotros. Y que por eso mismo somos incapaces de despertar vida en los demás.

Juan es la palabra que suena en el silencio del desierto. Pero suena como una invitación a salir de nuestra triste y dolorosa realidad y abrirnos a una esperanza que aún no se ve pero que está cerca. Como él todos estamos llamados a:
Ser portadores de razones de esperanza.
Ser creadores de razones de esperanza.
Ser comunicadores de razones de esperanza.

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Palabra para la Misión: La Iglesia misionera grita hoy en el desierto del mundo

II Domingo de Adviento
Año C – 6.12.2009 / Por Euntes

Baruc 5,1-9 / Salmo 125 / Filipenses 1,4-6.8-11
Lucas 3,1-6

Reflexiones

El evangelista Lucas empieza a lo grande, como historiador atento a los hechos (Evangelio): enmarca la aparición pública de Juan el Bautista y de Jesús de Nazaret dentro del contexto histórico-geográfico del tiempo. Con sobriedad y exactitud, cita siete personajes contemporáneos del acontecimiento (v. 1-2). También aquí el número siete tiene un significado simbólico: indica la totalidad. Mencionando a las siete personas con su rol, Lucas quiere afirmar que toda la historia -pagana y judía, profana y sagrada- está involucrada en los acontecimientos que él está a punto de narrar. Son hechos que atañen a toda la familia humana con sus instituciones y estructuras religiosas y civiles.

El acontecimiento es que “vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto” (v. 2), a orillas del río Jordán, con un mensaje de “conversión para el perdón de los pecados” (v. 3). Lucas, con documentos en la mano, quiere garantizar a sus lectores que la salvación de Dios se realiza en un tiempo, en un lugar y con un programa bien definidos. Queda confirmada aquí la intención que el evangelista ya había expresado en su prólogo: investigarlo todo diligentemente para escribirlo en orden, a fin de que se conozca la solidez de las enseñanzas (Lc 1,3-4). El Evangelio de Jesús se funda sobre hechos ciertos, transmitidos por testigos oculares y creíbles; no queda espacio para inventos humanos, o proyecciones psicológicas.

La salvación de Dios se realiza dentro de la historia humana, no fuera de ella; no se sobrepone a la historia, se inserta en ella, aunque la trasciende. Como la sal. Con la fuerza de la semilla y de la levadura. Como un fermento de vida nueva. Es exactamente lo que ha hecho Jesús y lo que los cristianos estamos llamados a hacer en el mundo (ver la Carta a Diogneto). Juan el Bautista lo preanuncia con las palabras de los profetas Isaías y Baruc (I lectura), que toman cuerpo en ese preciso contexto geográfico. Juan predica en el desierto, lugar bíblico, antes que geográfico; lugar y tiempo de fuertes experiencias espirituales (vocación y alianza, tentaciones y fidelidad...), que el pueblo elegido debe revivir continuamente. El Bautista predica a orillas del Jordán: el río que es preciso atravesar (rito del Bautismo) con un cambio de mentalidad y de vida (conversión), para entrar en la tierra prometida. No recorriendo caminos escabrosos y torcidos (símbolos bíblicos de soberbia, arrogancia, atropellos, injusticias...), sino un camino de conversión interior, allanado y recto (v. 4-5). Pablo añade una descripción de esa vida nueva en Cristo (II lectura): rebosante de amor, de integridad moral, de colaboración en la difusión del Evangelio (v. 5.9).

La salvación de Dios es para todos, insiste el Bautista, citando a Isaías: “Todos verán la salvación de Dios” (v. 6). Todo hombre, toda carne (dice el texto original), es decir, toda persona en su debilidad y fragilidad recibirá la salvación de Dios. Una salvación que Dios ofrece a todas las personas, sin exclusiones. Una salvación que el hombre no puede producir por sí mismo, sino que le llega de afuera: ¡sólo de Dios! El escritor ruso Alejandro Soljenitsyn describe así la incapacidad radical del hombre para su propia salvación: “Si alguien se está ahogando en un estanque, no se salva tirándose hacia arriba por sus cabellos”. Necesita de una mano de afuera: la mano de Dios. ¡Y necesita de la mano de los amigos de Dios! El tiempo de Adviento, tiempo de la espera de la humanidad, nos invita a pensar y actuar en favor de los numerosos pueblos que todavía no conocen al Salvador que viene.

La mano amiga de Dios se revela igualmente en la presencia maternal de María Inmaculada (8/12), tan cercana a Dios y a la familia humana, como se manifestó en las apariciones de Guadalupe (ver el calendario 12/12). Dios se manifiesta también en la mano amiga de los cristianos, mano tendida para ayudar a cualquier persona que tenga necesidades materiales o espirituales. Heredera de Juan el Bautista hoy es la Iglesia misionera, que grita en el desierto del mundo: “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” (v. 4). Anunciar a Cristo es tarea permanente de los cristianos, es un tesoro a compartir con otros, como lo repite a menudo el Papa Benedicto XVI. Ver, por ejemplo, el viaje pastoral y ecuménico a Turquía (*), los mensajes para el DOMUND, etc. El Evangelio es el tesoro más precioso de los cristianos; un bien a compartir con toda la familia humana.


Palabra del Papa

(*) “Como Cuerpo de Cristo, la Iglesia ha recibido la misión de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra (cf. Mt 28, 19), es decir, transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la buena nueva, que no sólo ilumina sino que también cambia su vida, hasta vencer incluso a la muerte. Esta buena nueva no es sólo una palabra, sino una Persona; ¡es Cristo mismo, resucitado, vivo!... Los cristianos no pueden tener sólo para sí lo que han recibido. No pueden confiscar este tesoro y esconder esta fuente. La misión de la Iglesia no es defender poderes ni obtener riquezas; su misión es dar a Cristo, compartir la vida de Cristo, el mayor bien para el hombre, que Dios mismo nos entrega en su Hijo”.
Benedicto XVI
Homilía en la catedral del Espíritu Santo, Estambul (Turquía), 1° de diciembre de 2006


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/12: S. Nicolás (ca. 250-326), obispo de Mira, patrono de Bari, santo popular por los regalos navideños; patrono de los niños, jóvenes, farmacéuticos, mercaderes, navegantes, pescadores, perfumistas.
- 6/12: B. Pedro Pascual (ca. 1225-1300), mercedario español, obispo de Jaén, evangelizador en España y Portugal, fue martirizado por musulmanes en Granada.
- 7/12: S. Ambrosio (339-397), obispo de Milán, doctor, defensor y organizador de la Iglesia, maestro de S. Agustín.
- 7 y 8/12: Aniversario de importantes documentos misioneros: Decreto Conciliar Ad Gentes (7.12.1965); Evangelii Nuntiandi de Pablo VI (8.12.1975); Redemptoris Missio de Juan Pablo II (7.12.1990).
- 8/12: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de Cristo, el Salvador.
- 8/12: B. Narcisa de Jesús Martillo Morán (1832-1869): nació y vivió en Ecuador, pero murió en Lima (Perú), terciaria dominica, entregada a la oración, penitencia y servicio a los necesitados.
- 9/12: S. Juan Diego Cuauhtlatoatzin (+1548), indígena de México, al que se le apareció la Virgen de Guadalupe sobre la colina del Tepeyac (1531).
- 10/12: Jornada Mundial de los Derechos Humanos (ONU 1948).
- 12/12: Nuestra Señora de Guadalupe, quien se apareció en la colina del Tepeyac en México (1531) a San Juan Diego, con un mensaje de esperanza, en los comienzos de la evangelización del continente americano: “No temas. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”

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sábado 5 de diciembre de 2009

SÓLO DESDE LA EXPERIENCIA PERSONAL DESCUBRIREMOS NUESTRA SALVACIÓN

II Domingo de Adviento (Lucas 3, 1-6) - Ciclo C
Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

INTRODUCCIÓN

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. La liturgia de hoy empieza por el primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía, por lo menos, trescientos años que no aparecía un profeta en Israel. Al narrar Lucas la concepción y el nacimiento de Juan antes de decir casi lo mismo de Jesús, está manifestando lo que este personaje significaba para los cristianos de la época. La idea de precursor inmediato es la clave de todo lo que nos dicen de él.

Todos los evangelistas resaltan esa importancia, aunque todos están interesados en resaltar también, la superioridad de Jesús. Parece que en este hecho se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no tuvo que ser fácil aceptar la importancia del Bautista en la trayectoria de Jesús, sobre todo desde que se aceptó el carácter divino de su mesianismo.

El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan fue un personaje que tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. Relatos extrabíblicos lo confirman. En el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús aún no le conocía nadie.



CONTEXTO

Estamos en el capítulo 3. Lucas nos ha relatado en los dos capítulos anteriores, de una manera poco realista, la infancia de Jesús. Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Hay un intento de situar en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar, los acontecimientos que se van a narrar; como para dejar claro que no se saca de la manga los relatos.

Hay que notar bien que el “lugar” no es Roma ni Jerusalén ni el Templo, sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica, no sólo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: “todos verá la salvación de Dios”.

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una auténtica liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud en la relación con Dios y con los demás.

El mensaje de Jesús se aparta en gran medida del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio -buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar.

No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de "el que ha de venir" pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una “buena noticia”. Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él.

Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

Hay un aspecto de su doctrina que sí coincide con el mensaje de Jesús. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comportamiento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y de la observancia puramente externa de la Ley.



APLICACIÓN

Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación?

Como decía Pablo: más que nunca necesitamos hoy crecer en sensibilidad para apreciar los auténticos valores humanos. Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede “prometer” nada. Dios es la salvación que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir, y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios, llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan Bautista o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa de acuerdo con el desarrollo espiritual de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros, si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Sólo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación.

Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato, es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente esta escala y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría.

Hace ya tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: “es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida”. Se supone que para los cristianos, no.

Cuando nos enfrentamos a la celebración de una nueva Navidad, podemos experimentar en nuestro interior la esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es la venida de nuestro Salvador. Su salvación apunta a una superación del hedonismo, del placer y del egoísmo. Lo que vamos a hacer es todo lo contrario. Intentar que en nuestra casa no falte de nada en estas Navidades. Nos dejamos llevar del consumismo. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta.

De esta manera, sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo y de la falsa religiosidad, al mismo tiempo. Cuando las “necesidades” que experimentamos, podemos satisfacerlas en el supermercado, ¿qué necesidad tenemos de otra salvación?

Las lecturas bíblicas nos tienen que servir de referencia para descubrir en ellas una experiencia de salvación. No quiere decir que hoy tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experiencia es siempre intransferible. Si ellos esperaron y experimentaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar también la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y que tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está siempre viniendo.

El ser humano no puede, de una vez por todas, planificar su salvación trazando un camino claro y directo que le lleve a su plenitud. Su capacidad intelectual es limitada, sólo tanteando puede conocer lo que es bueno para él: “Tengo muchas cosas más que deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora, el Espíritu os irá llevando hasta la plenitud de la verdad”.

Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No sólo porque lo exige su propio progreso, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como nueva salvación. Ninguna de las salvaciones anunciadas por los profetas puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc y también Pablo, como camino hacia la paz. “Paz en la justicia, gloria en la piedad”, dice Baruc. “Que vuestra comunidad siga creciendo en penetración y sensibilidad para apreciar los valores; así llegaréis al día de Cristo cargados de frutos de justicia”, dice Pablo.

El concepto que nosotros tenemos de justicia, es el romano, que era la restitución según la ley, de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor.

Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable. Nivelar es la clave. Sólo cuando los de arriba bajen y los de abajo puedan subir, se verá la salvación de Dios.



Meditación-contemplación

El profeta es una persona que descubre algo importante para su vida,
y que se lo comunica a los demás para que también lo vivan.
No se trata de un conocimiento intelectual, sería un maestro.
Se trata de un descubrimiento de lo que ES.
…………………..

Trata de recordar a los “profetas”
que te han ayudado en ese camino hacia tu ser.
Piensa no sólo en los “grandes” sino en los pequeños, pero cercanos.
Siente agradecimiento hacia todos ellos.
Piensa ahora si has descubierto en ti mismo algo interesante.
…………………

Lo que vivió-experimentó Jesús,
ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
................

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 06 de Diciembre de 2009. II DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO C

Preparad el camino

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

«Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos.
Los valles serán rellenados,
las montañas y las colinas serán aplanadas.
Serán enderezados los senderos sinuosos
y nivelados los caminos desparejos.
Entonces, todos los hombres
verán la Salvación de Dios».


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

En vez del lenguaje de Isaías y de Juan el Bautista, vamos a emplear una palabra moderna para entender este Evangelio de hoy.
¿Qué es eso de que Jesucristo venga al mundo y tenga que viajar por una mala carretera, llena de baches?... ¿Por qué no construirle una magnífica autopista, de modo que su carro se deslice a alta velocidad y sin peligro al dirigirse hacia nuestras ciudades? ¿Por qué nuestras calles no se limpian del barro, de las piedras, de la basura, para que camine normal por ellas cuando viene a visitar cada una de nuestras casas?...
Esto requiere la presencia de Jesucristo que llega al mundo. Que la Iglesia entera y cada uno de nosotros en particular le facilite la llegada y le dispense buena acogida. Sólo así se renovará la sociedad, se llegará a la construcción de un mundo nuevo, y todos los hombres podrán acoger la salvación.
Esta manera de hablar está plenamente acorde con el Evangelio de hoy. Aparece Juan el Bautista junto a las márgenes del Jordán, y acuden a él en tropel los habitantes de toda Judea. El austero profeta hace suyas las palabras de Isaías, y grita a todos con voz potente y celo abrasador:
- Soy la voz de uno que grita en el desierto: ¡Preparad los caminos para el Señor! Enderezadle todas las sendas. Que se rellenen todos los baches. Que los montes y las colinas se abajen. Que todos los tramos tortuosos se arreglen bien. Que se allanen los rincones impracticables. Porque es cuestión de que todos vean la salvación de Dios.
La salvación que nos trae Jesucristo estaba simbolizada en la liberación que proclamaban los profetas antiguos.
Antes, se trataba de una liberación social y política. ¡Se acabó la esclavitud de Egipto! ¡Se acabará la esclavitud de Babilonia!
Ahora, se trata de la salvación definitiva con la liberación del pecado, causa de todas las esclavitudes.
Dios os mandará un Redentor, que proclamará la paz con Dios y os llevará a la Patria prometida.
Dios os mandará un Redentor, que establecerá la paz en las naciones.
Dios os mandará un Redentor, que pedirá justicia y amor entre todos vosotros.
Dios os mandará un Redentor. ¿Y ya sabéis prepararle el camino, construirle la autopista? Los baches, las piedras, la basura, el barro resbaladizo..., no dicen bien con el Salvador que llega.
La sociedad y cada uno de nosotros debe tener el corazón expedito y limpio para acoger a ese Jesucristo, el Salvador y el Soberano del mundo.
Hoy como ayer, los estorbos que encuentra Jesucristo son siempre los mismos. El orgullo que rechaza a Dios. El vicio impuro, que destruye los corazones. La injusticia y la falta de amor, que esclaviza a unos al dinero y a otros a pobreza intolerable.
Nuestras tierras deben ser dignas de Jesucristo. Pero, ¿cómo? Son dignas del Señor cuando en ellas se destierra todo eso que las afea en el orden moral y hasta humano: la falta de fe y de religiosidad; la falta de pureza en los corazones; la falta de amor hacia los hermanos.
Se me ocurre, como una simple comparación, lo que me pasó en una de nuestras ciudades. Me encontré un barrio humilde, de gente pobre pero digna, que, al no pasar por allí camión que recogiera la basura, tiraba los desperdicios de las casas en un rincón
inmundo. Animales hozando para comer algo. Moscas a montones bajo un sol ardiente. Peligro para la salud, de los niños sobre todo... Con disimulo, para no ofender a la buena gente que me pudiese ver, saqué la cámara fotográfica. Lo notó una buena persona, y pronto tenía alrededor a varias mujeres, que, en vez de matarme a improperios e in-jurias, tomándome por un reportero, me pedían con tesón y a gritos:
- ¡Señor periodista, saque, saque buenas fotos de todo eso y enséñelas a los de arriba, a ver si hacen algo por nosotros! Ya ve usted cómo nos tienen y nos tratan.
La lección que aprendí entonces es una lección perenne.
¿Limpios ante Dios? Sí. El pecado no dice con ese Jesucristo que ha venido a salvarnos.
¿Y ante los demás? Es decir, ¿la limpieza que exige la dignidad del hermano? ¿Nos podemos permitir lo que le ofende, lo que le oprime, lo que le degrada?...
La liberación que nos promete Dios no es una liberación precisamente social. Es la liberación del pecado, que nos cierra toda puerta ante Dios.
Aunque la liberación del pecado exige también la liberación, simplemente humana, de todos los que por una causa u otra, y por culpa de los hombres, viven en opresión continua.
A la par que el pecado de cada uno de los corazones, debe desaparecer también el pecado social, sea del cariz que sea, para que el mundo sea digno de Jesucristo.
¡Trazar la autopista para Jesucristo!... Es la faena a que hoy nos invita el Evangelio. No digamos que no tenemos medios para construirla. ¡Manos a la obra! ¿Quién no puede dar un vuelco al propio corazón? ¿Quién no puede trabajar algo para ir cambiando poco o poco al mundo? Con algo de esfuerzo propio, y con la ayuda siempre de Dios, nos vamos a lucir con nuestra obra...
¡Señor Jesucristo! Tú viniste a renovar todas las cosas las cosas y las quieres todas dignas de Dios y dignas del hombre. Danos coraje para comenzar a construir ese Mundo Mejor del que tanto hemos hablado y en el que tanto soñamos. ¿No te lo mereces Tú? ¿No viviríamos mejor nosotros?...

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viernes 4 de diciembre de 2009

Palabra de Misión: Segundo Domingo de Adviento - Ciclo C - Lc. 3, 1-6


Así como en Lc. 1, 5 es nombrado Herodes y en Lc. 2, 1-2 son mencionados el César Augusto y Cirino para delimitar las coordenadas históricas de los acontecimientos, el comienzo del capítulo 3 de Lucas, solemnemente, establece el panorama de los poderosos al comienzo del ministerio de Juan el Bautista. De esta manera, el propósito del autor detallado en Lc. 1, 1-4 (ordenar las cosas sucedidas tal como fueron transmitidas desde el principio) se va materializando. No se trata solamente de situar al lector, sino también de afirmar que los acontecimientos del Cristo son acontecimientos encarnados, que en un rincón polvoriento del Imperio Romano, la historia de la salvación se hacía objetiva y se gritaba a viva voz. Veamos, entonces, quiénes son estos personajes detallados:

- Tiberio César: fue el sucesor del Emperador Augusto entre los años 14 d.C. y 37 d.C., pero su reinado comenzó, aunque no oficialmente, unos años antes, cuando comenzó a compartir el poder con Augusto. Si tomamos esta variante, Tiberio habría comenzado a reinar, aproximadamente, en el año 12 d.C. Por lo tanto, la coordenada de Lc. 3, 1 podía situarse entre los años 27 d.C. y 29 d.C.

- Poncio Pilato: fue procurador (gobernador) de la provincia romana de Judea entre los años 26 y 36 d.C. Los historiadores como Filón y Flavio Josefo hablan negativamente sobre él cuando lo describen. Aparentemente, se trataba de un anti-semita cruel que, en varias oportunidades, se enfrentó a los dirigentes judíos y, según Lucas, habría asesinado un grupo de galileos durante el tiempo de alguna fiesta israelita importante (cf. Lc. 13, 1).

- Herodes: se trata de Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande. Fue tetrarca de Galilea entre los años 4 a.C. y el 39 d.C. Según Lucas, será quien aprenda al Bautista y lo mate (cf. Lc. 3, 19-20; Lc. 9, 9), y tendrá una participación casi cómica en el juicio a Jesús (cf. Lc. 23, 7-12).

- Filipo: estuvo en el poder, gobernando Iturea y Traconítida entre los años 4 a.C. y el 33/34 d.C. Lucas no lo volverá a mencionar en su libro.

- Lisanias: aquí hallamos un dato histórico no comprobable actualmente. No se puede identificar a ciencia cierta a este personaje. La referencia más cercana es un tal Lisanias I, rey de los Itureos, bajo el gobierno general de Antonio y Cleopatra, entre el año 40 y el 36 a.C., por lo tanto, fuera de contexto en estas coordenadas lucanas.

- Anás y Caifás: Anás era el suegro de Caifás. Fue sumo sacerdote judío entre los años 6-15 d.C., pero sus contactos políticos eran tan importantes, que logró perpetuarse en el poder a través del pontificado de cinco de sus hijos y de su yerno Caifás, quien pontificó entre el 18 y el 36 d.C. Pero más allá de quien se sucediera en el cargo, el que verdaderamente tomaba las decisiones y manejaba la situación era Anás, y sus familiares (hijos y yerno) le obedecían. Él era el verdadero jefe de Israel.

Es en estas circunstancias que la Palabra divina se dirige a Juan, el hijo de Zacarías. La fórmula utilizada por Lucas para describir el inicio del ministerio del Bautista es típica del Antiguo Testamento. Este recurso de tomar esquemas literarios de las Escrituras hebreas para relatar los acontecimientos cristianos es utilizado frecuentemente por el autor. Así, por ejemplo, las anunciaciones a Zacarías (cf. Lc. 1, 11-20) y a María (cf. Lc. 1, 26-38) llevan la marca, por ejemplo, de la anunciación de Jc. 13, 3-21 sobre Sansón; y el cántico de María, el Magnificat (cf. Lc. 1, 46-55), se asemeja al cántico de Ana de 1Sam. 2, 1-10. En el pasaje que leemos hoy, la imagen de la Palabra divina que viene sobre alguien es clásica de los profetas. A Jeremías “fue dirigida la palabra de Yahvé en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado” (Jer. 1, 2); a Zacarías, “el octavo mes del año segundo de Darío dirigió Yahvé la palabra” (Zac. 1, 1); y Miqueas recibió la “Palabra de Yahvé […] en tiempos de Jotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá” (Miq. 1, 1). La similitud literaria entre la presentación que hace Lucas de Juan y la introducción de varios libros proféticos, es una señal evidente de que el Bautista es presentado como un profeta al estilo del Antiguo Testamento, entroncando con la tradición de estos hombres de Dios que recibían una revelación para leer la historia en clave divina, para leer los acontecimientos humanos en el marco del plan salvífico. Según Jesús, en el desierto se había presentado un profeta e, inclusive, uno mayor que los profetas (cf. Lc. 7, 26), pues éste es el que concluye el Antiguo Testamento para dar paso al Nuevo, es el que asume el acervo profético de Israel para leer el presente en clave de futuro con esperanza, y por eso, futuro novedoso, futuro de Mesías. “La Ley y los profetas llegan hasta Juan” (Lc. 16, 16a), recalca Jesús, posicionando al Bautista en un tiempo que ha pasado, en el contexto de la Antigua Alianza, pero a partir de allí se comienza a anunciar la Buena Noticia del Reino (cf. Lc. 16, 16b), en un tiempo nuevo, diferente, pero enlazado al ministerio joánico. Este es el modelo del profeta que conoce su época y la interpreta. Contra el misticismo y la imaginación de profetas adivinadores o profetas astrólogos, las coordenadas geográficas de Lc. 3, 1-2 nos recuerdan que Juan es hombre en una historia concreta.

Este hombre no sólo entronca con el Antiguo Testamento desde la manera en que ejerce su ministerio, sino también porque da cumplimiento pleno a una profecía de Isaías. La cita que toma Lucas es de Is. 40, 3-5. En los Evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas), es una constante la relación referencial entre esta cita de Isaías y la aparición pública del Bautista. Mc. 1, 3 y Mt. 3, 3 toman solamente el versículo 3 del capítulo 40 de Isaías, pero Lucas expande esa cita hasta incluir el aspecto universalista del versículo 5a:“Se revelará la gloria de Yahvé, y toda criatura a una la verá”. El contexto original de este texto isaiano es el exilio israelita en Babilonia. Actualmente, los estudiosos bíblicos dividen los 66 capítulos del libro de Isaías en tres partes: el proto-Isaías (del capítulo 1 al 39, escrito antes del destierro), el deutero-Isaías (del capítulo 40 al 55, durante el destierro) y el trito-Isaías (del capítulo 56 al 66, post-exilio). Por lo tanto, la cita de los sinópticos pertenece a la sección que invita a salir confiados de Babilonia, y esta salida es interpretada como un nuevo éxodo, por eso se habla del desierto. En un principio, el éxodo es cruzar el desierto para abandonar Egipto y llegar a la tierra prometida; ahora se trata de cruzarlo para abandonar el cautiverio babilónico y volver a la tierra antes perdida. Es el grito de esperanza por la liberación.

La tradición cristiana ha reconocido en Jesús al nuevo Moisés del nuevo y perfecto éxodo, el que nos saca de todas las esclavitudes para llevarnos a la liberación definitiva. Juan el Bautista, ciertamente, trae ese grito de esperanza de miles de años y de miles de personas que, de una u otra manera, quieren perder el yugo para llegar a la tierra prometida. Isaías alrededor del año 500 a.C. y Juan alrededor del año 30 d.C. transmiten un mensaje que, en el fondo, es el mismo. Ellos son los portavoces del grito ahogado de millones, ellos son las cuerdas vocales de todos los que sufren la opresión, ellos son los que han descubierto una esperanza pequeña, pero esperanza verdadera. Tiberio es el gran Emperador, el todopoderoso, Pilato es la voz del Imperio en la región de Judea, Herodes es la decisión política del día a día, Anás y Caifás son los grandes directores de la orquesta religiosa; pero la Palabra de Dios se dirige a un hombre que vive en el desierto (cf. Lc. 1, 80), una especie de inadaptado social, un radical de espiritualidad dudosa, un pobre hijo de una familia sacerdotal rural (cf. Lc. 1, 5). Ante la magnificencia de los poderes, los títulos y los nobiliarios, la historia de la salvación se traslada al desierto, se hace exclamación profética. Dejando de lado los palacios, las sedes gubernamentales y el templo, la revelación toma el camino de lo pequeño, porque a los poderosos no les interesa salir de su situación actual, no les interesa liberarse ni liberar, en cambio los subyugados entienden que ese no puede ser el querer de Dios. Juan el Bautista está en el desierto para comenzar el nuevo éxodo, está allí porque quiere cambiar las cosas, quiere cambiar los corazones.


La Iglesia necesita re-conocer sus coordenadas históricas. Cuando las ignora, se vuelve anacrónica, y uno llega a sentir que está fuera de lugar. Se determinan liturgias ininteligibles, se publican documentos que responden a cuestionamientos del siglo pasado, o se programan pastorales que no abarcan a nadie. Si queremos una Iglesia en diálogo con el mundo, tenemos, necesariamente, que mirar al mundo, ubicarnos cronológicamente, saber quién gobierna y bajo qué matiz gobierna, quiénes están al poder y cómo han llegado allí, dónde se centraliza la vida religiosa y por qué está centralizada allí. Sin ese mínimo de conocimiento, sin levantar la vista del ombligo, no se puede anunciar, no se puede profetizar. Adviento es la oportunidad de recuperar el espíritu profético ante los nuevos imperialismos y ante las nuevas centralizaciones religiosas. Quizás no haya más emperadores al estilo romano, pero hay imperios comerciales; quizás no haya una religión impuesta, pero hay figuras religiosas que desean imponerse.

A veces creemos que dedicar tiempo al conocimiento de la realidad que nos circunda es, paradójicamente, una pérdida de tiempo, y entonces hacemos propuestas a la gente que las personas no entienden, propuestas que salen de nuestros preconceptos, propuestas que hemos debatido entrelos de siempre. ¿Es posible ser profetas de esta manera? ¿Es posible tomar a Juan como modelo si no nos animamos al desierto? ¿Qué podemos proponer a los pueblos si estamos acomodados y no queremos salir? Para comenzar un nuevo éxodo hay que estar dispuestos a salir, dispuestos a convertir el corazón. ¿Qué pastoral de éxodo tenemos para ofrecer? ¿Queremos, verdaderamente, cambiar? Porque si no deseamos una conversión rotunda hacia dentro y no deseamos tampoco una conversión hacia fuera, no tenemos grito profético. Vale preguntarse, en esas situaciones, si el éxodo significa algo para nosotros, si aún nos interesa exclamar que hay un camino, una alternativa, que se pueden preparar los senderos para salir de la situación actual.

Perder tiempo en conocer la realidad, por lo tanto, es perder el tiempo en saber hacia dónde necesitan caminar los seres humanos, de dónde hay que salir, de qué esclavitud es preciso liberarse. Adviento es una preparación para la encarnación, y si queremos ser Iglesia profética, no podemos evitar la encarnación. Hay que tomar las esperanzas de los pueblos en nuestras manos, embarrarse en el polvo de los acontecimientos. Hay que perder el tiempo en esas coordenadas históricas que nos rodean, no para limitarnos en ellas, sino para expandirnos con los pies bien asentados. Sólo es capaz de mirar el futuro aquel que se descubre en su presente con conciencia. Ser profeta es proyectarse, pero tomando la mano de los cautivos que necesitan salir.

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Evangelio Misionero del Día: Sabado 05 de Diciembre de 2009. I SEMANA DE ADVIENTO - CICLO C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 35—10, 1. 5a. 6-8

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de sanar cualquier enfermedad o dolencia.
A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:
«Vayan a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente».


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

En el fragmento del Evangelio de hoy, leemos el relato de cuando Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino.

Ahora nos corresponde a nosotros ser leal a Jesucristo, asumiendo el compromiso en la tarea de la evangelización, de la instauración del reino de Dios en el mundo.

Nuestra tarea debe ser como la hizo Jesús, con fidelidad, El nos enseño como hacerla, El es nuestro Maestro, a El debemos imitar. Jesús, no buscaba lucirse a si mismo o buscar especiales simpatías, lo que el hacia era para dar a conocer al Padre y a su enviado, Jesucristo. Al imitar a Cristo en su tarea, no busquemos que nos den alabanzas por lo que nos corresponde hacer, nuestra misión no es para que donde vayamos nos den reconocimientos.

El mundo de hoy necesita buenos apóstoles que no motiven desconciertos entre nuestros hermanos, es decir que que no confundan, por eso debemos comprometernos a nuestra tarea con autentica piedad. Sepamos reconocer en estas palabras el comportamiento misericordioso, y los sentimientos de amor al prójimo y de compasión ante las desgracias ajenas.

"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha".

Rueguen, al dueño, oren a Dios, es El que debe enviar trabajadores para su cosecha, no pretendamos nosotros libremente decidir donde debemos ir a cosechar, nuestro Padre Dios no señalará donde debemos servir, para saber cual será nuestro frente de trabajo, hagamos un poco de silencio para oír a Dios, hagámoslo con la oración del corazón y con sometimiento a su voluntad, El nos confiará la misión, y nosotros le ofreceremos la vocación de apóstol, en cualquier circunstancia o campo que nos corresponda realizar.

La vocación ha de venir desde el Padre, no pretendamos torcer ni cambiarla, no busquemos modificarla o acomodarla a nuestro antojo, según sean nuestros gustos, comodidades o conveniencia. Es así, como la vocación es un Don de Dios y nosotros debemos estar muy atentos, para reconocer y aceptar con mucho agradecimiento, pero no para quedarse en la alegría de haber sido llamado, esto es, además debemos tener conciencia clara de la exigencia que debe tener nuestra misión.

Jesús convocó a sus doce discípulos por su nombre, El organizo su apostolado con un grupo de hombres, su amigos mas cercanos, a ellos los forma y les da una misión, además le dota de poderes y cualidades para destruir el mal. Todos nosotros fuimos elegidos también por nuestro nombre desde el Bautismo para seguir a Jesús, a igual que los Doce amigos seguidores del Maestro y para el mismo fin, es así, como el nos prepara con sus enseñanzas, para que tengamos fuerza en nuestra misión en un mundo donde la injusticia, la maldad, la corrupción esta presente cada día.

Nuestra misión, debe comprender que la voluntad de Dios, no tiene fronteras para realizar nuestra tarea apostólica y no esta limitada a un lugar especifico, talvez nuestro campo de acción esta en nuestro propio hogar, en nuestra parroquia, en el trabajo, la comunidad donde vivimos o mas allá de la fronteras, basta tener muchas veces capacidad para conmovernos frente al dolor de la humanidad para darnos cuenta que la Palabra de Dios es indispensable en todo lugar.

Jesús nos dice: “Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca”

Dice el Señor, el Reino de los Cielos esta cerca, no pensemos en dimensionarlo en tiempo, en años, pensemos que somos nosotros los que debemos hacerlo cercano, con nuestro estilo de vida, seamos constructores del Reino de los Cielos, lo hacemos con cada una de nuestras obras, y todas son importantes en esta obra, por muy sencillas que parecieran

También nos dice Cristo: Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”.

“Ustedes han recibido gratuitamente”, en efecto hemos recibido gratuitamente, “de gracia”, la salvación del Señor, ¿y que meritos hemos hecho de nuestra parte?. ¿Qué estamos haciendo o qué nos proponemos hacer para anunciar a los demás el mensaje de amor que hemos recibido?

Hemos sido elegidos por Cristo, quien nos llamo a la fe, nos dio su mensaje evangélico, somos depositarios de el, y somos apóstoles con la misión de transmitirlo al mundo.

Y no lo hemos recibido para guardarlo para nosotros, es para compartirlo con todos los demás, porque todos estamos llamados a la salvación. Es así, hemos sido destinados a difundir el Reino de los Cielos, esa es nuestra misión, somos misioneros porque la misión es la forma concreta de manifestarle a Dios nuestro reconocimiento por haber sido llamados a ser en el mundo testigos de su amor.

Pero no basta dar gratuitamente lo que hemos recibido de igual forma, debemos darlo con cariño, con generosidad, con entrega total, a manos llenas, sin regateos, con todo el corazón, esta claro, con las cosas de Dios no podemos ser mezquinos.

Los apóstoles, somos todos los miembros de la Iglesia, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, aunque lo hagamos en distintos frentes y de diferentes maneras, todos estamos encargados por Jesús a proclamar su Reino, apostolado es toda actividad efectuada por los cristianos que tiende a propagar el Reino de Cristo en el mundo y Jesús es la fuente y el origen del apostolado de la Iglesia, y la eficacia y la fecundidad de nuestra tarea depende fundamentalmente de nuestra unión con Cristo.

Por comprender esto, Gracias Señor

Por comprender esto, Gracias Señor

¡Oh Señor, todo lo que nos enseñas, es maravilloso

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Noticias Misioneras del Mundo: 4 de Diciembre de 2009


* Manutención y ayudas para los niños de Chantahburi, Tailandia
* Preocupación en Dakwa, R.D. del Congo, por el secuestro de siete niños
* Jóvenes madrileños comparten sus experiencias misioneras en la Fiesta de San Francisco Javier
* El Tren Misionero visita la ciudad de Cieza
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Manutención y ayudas para los niños de Chanthaburi, Tailandia

OMPRESS-TAILANDIA (4-12-09) El turismo que suele visitar Tailandia no llega a conocer la realidad de muchas zonas rurales donde cuesta salir adelante. Las aldeas cercanas a Chanthaburi es un ejemplo de ello. En esta zona montañosa, a más de 150 kilómetros al sureste de Bankok, la Infancia Misionera colabora en diversos proyectos con un total de 21.400 dólares dirigidos a ayudar a los niños de la zona. En la escuela rural de Baan Pungam-Nonsa-ard, a la que asisten 215 niños, se intenta acabar con la desnutrición que sufren muchos de ellos. Aparte de la compra de alimentos se ha creado un criadero de peces y se ha sembrado diversas especies de vegetales y árboles frutales para lograr la autosuficiencia alimentaria y enriquecer la comida de los niños.

A 10 kilómetros de allí se encuentra Chantanimit, a orillas de un río, dónde los Hermanos de La Salle gestionan un colegio. Se está ayudando a la manutención y al alojamiento de 40 de sus alumnos y para otros 116 se les ayuda con una media pensión. Se trata de niños que provienen de aldeas del interior en la frontera con Camboya, por eso necesitan también clases especiales para lograr su integración.




Precupación en Dakwa, R.D. del Congo, por el secuestro de siete niños

OMPRESS-R.D. CONGO (4-12-09) Ayer 3 de diciembre, Cáritas-Developpement Congo informó de que siete niños en edad escolar fueron secuestrados durante el ataque por parte de los rebeldes ugandeses del LRA el pasado domingo 29 de noviembre, en la localidad de Manawoe, a 18 km al este de Dakwa.

Dakwa se encuentra a 87 kms. al oeste de Ango, en la Provincia Oriental. Cuando la noticia de este ataque ha llegado a Dakwa, las Fuerzas del Ejército de la República Democrática del Congo (FARDC) han empezado a disparar al aire sembrando el pánico en la población que tuvo que huir, indica Mons. Samuel Migido, vicario general de la diócesis de Bondo. Así pues, se ha enviado a un grupo de los FARDC inmediatamente de Dakwa a Manawoe. Desde ayer por la noche, testigos afirman haber oído tiros de armas procedentes de la localidad atacada. Es difícil precisar si se trata aún de los tiros en el aire o de una confrontación entre el ejército regular y los rebeldes del LRA. “En nombre de la población, solicitamos a nuestras autoridades que intervengan a fin de expulsar a estos rebeldes. Que no se minimice la capacidad de causar daño de estos rebeldes que se hacen pasar por congoleños que atacan sus propias aldeas”, puntualizó Mons. Samuel Migido.




Jóvenes madrileños comparten sus experiencias misioneras en la Fiesta de San Francisco Javier

OMPRESS-MADRID (4-12-09) En la fiesta de San Francisco Javier, ayer 3 de diciembre, cerca de cuarenta jóvenes madrileños que han realizado recientemente alguna experiencia misionera se encontraron en la Delegación Episcopal de Misiones de Madrid, junto con otras personas implicadas en la misión o la animación misionera, para celebrar la Eucaristía y compartir sus vivencias y expectativas. El Delegado de Misiones de Madrid, José Mª Calderón, destacó la dimensión misionera del santo navarro y se refirió a él como “la persona que no puede guardar para sí el fuego que lleva dentro y corre a anunciar a Jesucristo a los demás”; recordó también la necesidad que todo hombre tiene de Dios y cómo es esa apertura a Él la que nos hace ser verdaderamente humanos y comprometernos en la solución de injusticias como el hambre o la pobreza.

Tras la Eucaristía, miembros de los diferentes grupos de jóvenes misioneros explicaron la andadura que estaban realizando y los lugares de África, América y Europa del Este donde han vivido o se disponen a vivir próximamente su toma de contacto con la misión; en ese tiempo de compartir, destacó el ambiente sencillo, alegre y cordial de la puesta en común y el sentido de Iglesia que quedó expresado. Asimismo, se recordó a los participantes la posibilidad de dar a conocer las actividades de sus grupos a través de Supergesto, la revista para jóvenes editada por Obras Misionales Pontificias. Por último, en las conversaciones, algunos de los asistentes se refirieron a la experiencia que está suponiendo el programa de radio “Iglesia en Misión”, que se emite en Radio María los domingos a las 23.00 horas y que realizan varios de estos jóvenes, bajo la dirección del Delegado de Misiones José Mª Calderón.




El Tren Misionero visita la ciudad de Cieza

OMPRESS-MURCIA (4-12-09) Más de 500 niños participaron el pasado 21 de noviembre en unas jornadas misioneras organizadas por la Delegación de Misiones de la Diócesis de Cartagena.

Tras el silbato, los niños misioneros subieron al tren con destino a Cieza. Alegría, ganas de compartir, entusiasmo…. es el equipaje que llevaron en sus maletas para una jornada llena de sorpresas e ilusión. Se trata del tradicional “Tren Misionero” que cada año organiza la delegación de Misiones. Los niños de diversas parroquias y colegios participaron del encuentro que comenzó con una marcha desde la estación del ferrocarril hasta la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción. A su llegada, el Ayuntamiento de la ciudad abría sus puertas para dar la bienvenida a los organizadores y participantes. Una recepción en la que no faltaron los obsequios: un rosario y unos mapas antiguos de la ciudad. En la basílica de la Asunción todo estaba preparado para la celebración de la eucaristía que presidió el Arzobispo y secretario general de la Conferencia Episcopal de Venezuela, Mons. Ramón José Vilora, obispo de Puerto Cabello. El prelado invitó a los más jóvenes a “ser luz para los pueblos con el testimonio de vida”.

Tras la misa, los participantes repusieron las fuerzas necesarias para vivir una tarde de humor y de fiesta animada por los distintos grupos. Como buenos misioneros que quieren llevar “la luz de la Palabra a todos los pueblos”, lema del Domund de este año, no faltó la visita guiada por la ciudad. El silbato volvió a sonar. Era el anuncio de volver a un tren lleno de esperanza misionera.

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jueves 3 de diciembre de 2009

Pedro Casaldáliga: La Voz de los Pobres

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WebJCP | Abril 2007